Nostalgia del Absoluto (Biblioteca de Ensayo / Serie menor nº 12)


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Fue en , cuando yo cursaba el primer año del bachillerato. Era la primera vez que sucedía una cosa así. Nos sentíamos incrédulos y también alborozados ante la perspectiva de un día de asueto.

Lo veíamos altísimo, erguido, imponente. Todos hacemos silencio. Los valientes de sexto año agachan la cabeza y, sin chistar, obedecen.

Nos costaba renunciar al día de asueto. Nelio Duranti testimonio en: Marco Denevi. Juan Nielsen, Retrato de un maestro. Pepe Eliaschev.

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Rolando Hanglin , periodista y nudista. Derecha: homenaje a Molina Campos en el Museo Campodónico. Si bien el primer establecimiento educativo que funcionó en su solar fue jesuítico, durante el reinado de Carlos III ya se fundó allí el Real Colegio de San Carlos, iluminista, como lo fueron las sucesivas fundaciones de Pueyrredón y Rivadavia -el Colegio de Ciencias Morales-. De las mencionadas por el periódico, solo una, el Colegio Nacional de Buenos Aires, funciona hoy en plenitud. Desde su fundación hace casi un siglo y medio es un centro de avanzada pedagógica Su pedagogía ha variado con los tiempos, correlativamente a los avances de la ciencia, pero siempre, desde la fundación, ha estado basada en algunos principios sostenidos, como el permanente empeño en desarrollar en los alumnos la capacidad de relación e integración de los conocimientos de las diferentes asignaturas curriculares.

Del mismo modo, si bien los métodos han evolucionado con la historia, puede hablarse en singular, en general y en forma metafórica de "un método típico" o central del Colegio que se basa en la consideración del alumno como un protagonista activo de su propio aprendizaje, aun desde mucho antes de que grandes teóricos de la educación hablaran de "escuela activa". Los que fueron a El Colegio carecen de contradicciones.

Son uno consigo mismos. No conocen la culpa ni la automortificación, incluso si son de puro origen semita. Es realmente glorioso. Dotados de un "lenguaje encendido como hilos de cobre chispeando por los nervios de la urbe" el Ninja, su poesía - te quiero-. Si fuera exalumno del Buenos Aires no tendría contradicciones con la clase social que me sigue en rango. Sin embargo me domina.

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Yo te hablo de él, pero él no te habla de mi, habla a través de mi. En cambio, lo sé por mis alumnos de la universidad: los egresados de El Nacional saben que debajo de ellos se extiende toda una capa social que cocina, limpia la pileta y el comedor, hasta arregla las calles y las vigila para que ellos afortunados puedan estudiar el Nacional empieza en un primer piso, para que quede claro.


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Hoy apenas lo soporto. Pibes: Memorias de la militancia estudiantil en los setenta. Fragmento: ""En las marchas de la UES saltaba al vista el origen de cada militante. Los del Pellegrini y los del Buenos Aires. Su militancia empezaba por la ropa de fajina. Cigarrillos de marca. Ni un Saratoga o Clifton por esa ribera. Por el otro lado, camperas de nylon baratas, zapatillas Pampero o Flecha cuarteadas o zapatos de cuerina comprados en alguna tienda de la calle Pasteur; vaquero Farwest, o, los que querían aparentar elegancia y buen gusto, Eduardo Sport.

En muchos casos ropa que había pasado de los hijos mayores a los menores, con algunos arreglos domésticos. Por caso, las camisas blancas para el colegio. A manga larga, una gomita a la altura del codo para sujetar el largo y dejar a la vista, por debajo del saco o del delantal de la escuela, apenas los bordes del puño.

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Chiche iba a las marchas pero hablaba poco y se juntaba poco con nadie. Porque ir a una marcha con los compañeros del Pellegrini y del Buenos Aires era como irse de picnic. Había de todo. Bizcochitos de grasa, pibas hermosas, mate cocido, gente linda, inteligente, bien vestida. Chiche ponía cara de orto. Por entonces, sólo se admitían varones. Para preparar ese examen, mi padre buscó ayuda entre sus ex alumnos y finalmente eligió a Augusto Beluscio, quien luego fuera juez de la Corte Suprema por 22 años.

Curiosamente, otro de los integrantes de la Corte, el doctor Enrique Petraccki, fue también alumno de mi padre, así como el obispo Jorge Cassaretto, entre otros. El panorama político con que me encontré al entrar en el Buenos Aires no me deparó mayores sorpresas. En general, los profesores eran antiperonistas, lo mismo ocurría con los celadores.

Y nos reuníamos en algunos locales socialistas, especialmente en uno que estaba en la Avenida La Plata, donde actualmente funciona la Biblioteca Juan B. Ocupo por un año el cargo de secretario general y al año siguiente, que es cuando termino de cursar, me eligen representante de la Federación de Estudiantes Secundarios ante la Federación Universitaria de Buenos Aires, la FUBA. Ahí conozco a mucha gente que después vuelvo a encontrar con los años, en distintas circunstancias, por ejemplo, en Filosofía y Letras a los Viñas, Ismael y David; a Susana Fiorito, esposa de Ismael en ese momento; a Ramón Alcalde y a tantos otros.

Todos ellos, años después, apoyaron a Frondizi en una primera etapa, para luego separarse por la cuestión de la política petrolera, entre otras críticas. También conocí a Ricardo Rojo, conocido por entonces como "el amigo del Che" -a causa de una biografía que escribió sobre el guerrillero argentino- y a Emilio Gibaja, quien luego fuera jefe de prensa de Illia y de Alfonsín. Gibaja era presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires cuando yo era delegado de los secundarios. Recuerdo a un muchacho de apellido Rey que afrontaba en soledad su adhesión política al peronismo y lo hacía con mucha dignidad.

Y es que nuestra actitud era realmente provocativa, aunque los pocos profesores peronistas que había no nos molestaban demasiado. Cuando muere Evita en , se dispuso que se mantuvieran cinco minutos de silencio todos los días a modo de homenaje. A la misma hora poníamos un reloj despertador para que sonara en el patio. Ésa era nuestra idea de una militancia opositora. Cuando Evita fue velada en el Concejo Deliberante, y como éramos muchísimos los estudiantes del Buenos Aires que teníamos que pasar obligatoriamente por allí para tomar el subte en la calle Rivadavia, nos poníamos una corbata de estridente color rojo, cuando la indicación era que debía usarse luto.

Obviamente que el régimen de Perón era autoritario, pero no gastaba recursos en cosas sin impmortancia como las que pudieran pergeñar un grupo de estudiantes secundarios a medias entre la travesura y la política.

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Lo peor que podía pasar era recibir unas patadas en el trasero por parte de la policía en una manifestación o detenciones que nunca superaba la hora de demora en la seccional. En verdad, tuve muy buenos profesores. Casi todos los profesores provenían de la universidad. El mito de la decadencia de la enseñanza durante el peronismo es absolutamente falso. Sobre todo si se considera lo que vino después. La Facultad de Derecho a la que ingresé en tenía un nivel muy superior al actual. Evocaciones porteñas. Y yo sentí gran alegría con el augurio de aquel hombre al que con admiración infantil, por ser profesor del Nacional, ponía tan alto.

Parecíame que todo ello me indicaba que yo había dejado de ser niño". Agüero, que a la caída de Rosas fundara allí su Colegio Nacional y Seminario Conciliar, continuando la obra educadora de Vértiz. El 4 de diciembre debíamos rendir nuestra prueba de historia. Aquella prueba me ha dejado un recuerdo imborrable.

Como me tocara la bolilla de los Reyes Católicos y con mi amor a las crónicas, hubiera leído una obra relativa a este turbulento período de Castilla, me detuve a explicar las vicisitudes del casamiento de aquellos príncipes y la andanzasd de Isabel antes de obtener en definitiva su reino. Per cuando llegué a recordar las disensiones de los nobles que ambanderaban en las opuestas pretensiones de las dos princesas, a aventureros, malandrines y gallofos, y me refería al apodo de Enrique, llamado "El Impotente", fue ver la cara roja del padre Ubach y las regocijadas de Giménez Zapiola y de Larreta y aclararse de Pronto el significado de aquellos términos.

Fue como si un haz de luz me hubiera iluminado de repente. Y solo entonces hallé la clave de aquellos enemigos del alma, cuya enunciación repetía sin entenderlos del todo: el demonio, el mundo y la carne. Tiempos iluminados. Fragmento: " Vino la hora sombría de los colegios. Francisco Beazley , cuya memoria perdura siempre tan viva entre los que fueron sus amigos, era entonces profesor de historia de Grecia y Roma en el Colegio Nacional.

Un día, con gran sorpresa de todos, me encomendó una conferencia sobre Grecia, es decir, sobre Atenas en tiempos de Pericles.

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